Tenía que enterarme de lo que pasa mientras trabajo.
Tenía la necesidad de estar al tanto de todo lo que ocurre en este mundo de la tecnología y el derecho. Me construí un correo que, en mi caso, llega cada día y me cuenta lo que ha pasado mientras yo estaba trabajando.
Para eso recorro un catálogo de 128 fuentes, de España y de fuera, y en cada pasada las visito todas. No mando el catálogo. Mando lo que me parece que importa para trabajar: un producto que puede entrar en el despacho, una guía que obliga a revisar un piloto, una ronda o una compra que cambia a quién se le pide cuentas. Hay mucha inteligencia artificial aplicada al derecho, porque es lo que ahora mismo mueve la conversación.
El correo llega de tres maneras, con el mismo criterio. Diaria: lo del día, en un correo. Semanal: lo de la semana, reunido en uno. Quincenal: lo de quince días, en uno. Cambia el empaquetado, no lo que entra. En los tres casos lo dejo listo a primera hora, hora de Madrid, para leerlo con el café de la mañana. Aquí puedes leer esas tres ventanas.